Exposoma y sus efectos en el envejecimiento de la piel

El término exposoma aparece en el año 2005 para referirse a la suma de todos los factores externos que actúan sobre el genoma a lo largo de la vida.

La Asociación Española de Dermatología y Venereología ha estimado que un 25% de las enfermedades que afectan a la piel se deben al genotipo, mientras el 75% restante son causadas por el ambiente. De estos factores ambientales, algunos llegan a causar lesiones en el material genético de las células que conforman la piel, desencadenando patologías severas como el cáncer y siendo responsables del envejecimiento prematuro, el que no se corresponde con la edad biológica.

Una vez sabemos qué es el exposoma, se puede entender el envejecimiento cutáneo y otros problemas que pueden afectar de manera más segmentada que cuando se hablaba solo de edad biológica y fotoenvejecimiento debido a las radiaciones ultravioletas. De hecho, el fotoenvejecimiento es el factor que más influencia tiene en el exposoma en la mayoría de las personas, aunque hay otros factores implicados.

La idea que acompaña al nacimiento de este término usado en dermatología y en cosmética avanzada es llegar a evitar los factores evitables y reducir la incidencia de los que no podemos controlar para tener una piel más sana. Una piel sana siempre se ve más bonita que otra que no lo está, aunque hoy vamos a centrarnos en la salud y no en el aspecto, y pensaremos en arrugas y manchas de pigmentación como avisos de que nuestra piel ha sufrido bastante más en lugar de considerarlo un simple problema estético.

Por último, veremos qué se puede hacer para reducir los daños en la piel debidos a factores externos de la mano de la cosmética, si es que se puede hacer algo.

Factores externos que intervienen en el exposoma

Hay una serie de factores ambientales que influyen en la salud de la piel, no solo en la relación entre el exposoma y la piel, favoreciendo o empeorando enfermedades no causadas por deterioro del material genético.

Nos referimos a factores que empeoran los cuadros clínicos de pieles con afecciones crónicas como la dermatitis atópica o la psoriasis, o con enfermedades pasajeras como una inflamación en una piel reactiva o un rebrote de acné. Como curiosidad, todos estos factores ambientales intervienen en el exposoma. Vamos a ver cuáles son.

Radiaciones solares

El fotoenvejecimiento es devastador. No solo es responsable hasta del 80% del envejecimiento cutáneo que puede presentar nuestro rostro, que siempre está expuesto, sino que hay una causa directa entre la exposición a radiaciones ultravioletas y una mayor incidencia de varios tipos de cáncer de piel, incluyendo el temido melanoma. El melanoma es temido porque metastatiza con facilidad, a veces antes de detectarse.

El fototipo influye en el daño que hace una misma exposición solar a lo largo de los años, pero ningún fototipo se libra de sufrir daños en el ADN y posibles tumores si no se protege de las radiaciones solares desde que se produjo el adelgazamiento de la capa de ozono.

Con relación al exposoma, los rayos UVB son más nocivos para el material genético, mientras que los rayos UVA, menos energéticos, son los responsables del envejecimiento prematuro. Este es uno de los pocos casos en los que exposoma y envejecimiento no van directamente de la mano.

La buena noticia es que se puede evitar casi por completo el daño de las radiaciones solares a nuestro genoma empleado siempre una buena protección solar, adecuada a nuestro fototipo y al índice de radiación UV del lugar donde nos encontremos así como a la hora del día, partiendo de la base de que usaremos los filtros solares de la forma adecuada (cantidad correcta, repetir las aplicaciones cada dos horas o tras un baño, filtros que no nos produzcan alergias o irritaciones, etcétera).

Tabaco

Junto con las radiaciones solares, el consumo habitual de tabaco es el otro gran enemigo de la piel, la otra gran fuente de estrés oxidativo. El estrés oxidativo aumenta la exposición a los famosos radicales libres, los cuales no solo aceleran el envejecimiento cutáneo, sino que pueden dañar nuestro ADN y aumentar la probabilidad de desarrollar tumores. A mayor estrés oxidativo, más envejecimiento prematuro y más riesgo de sufrir algunos tipos de cáncer.

Es cierto que hay otros factores ambientales que aumentan el estrés oxidativo, como puede ser el deporte de alta intensidad practicado durante largos años, pero ni de lejos alcanzan los niveles que produce el hábito del tabaco. La prueba la tenemos en que nadie presenta arrugas a los 30 años —entendiéndolas como señal de daño en los telómeros de ADN— por ser deportista profesional o por entrenar muy duro, pero sí podemos ver pieles ajadas a esas edades entre fumadores y entre gente que se ha expuesto a las radiaciones solares de manera continuada sin una buena protección.

Así pues, si te preocupa tu salud en general y el exposoma de tu piel, ya tienes otro motivo para intentar dejar el tabaco para siempre. Y ten presente que los fumadores pasivos también sufren daños.

Contaminación atmosférica

Se sospechaba que los efectos de la contaminación del aire en la piel no eran irrelevantes y se ha constatado. Quienes más achacan el hecho de vivir en ambientes con aires contaminados son las personas con enfermedades crónicas de la piel, aunque también empeora los casos de acné.

No podemos evitar residir donde lo hacemos, o no por norma general, aunque por suerte ya existen en el mercado cosméticos destinados a proteger la piel, en la medida de lo posible, de los efectos adversos de la contaminación atmosférica y se sigue investigando para ofrecer fórmulas todavía más eficaces.

Calor extremo

En los climas de mucho calor, la piel tiende a deshidratarse con facilidad, y una piel deshidratada es más fina y tiene menos protección frente a agresiones como pueden ser las partículas sólidas en suspensión de la contaminación o potenciales alérgenos.

Además, los cambios bruscos de temperatura, como suceden cuando entramos o salimos de lugares con fuerte aire acondicionado a un exterior muy cálido, afectan a las pieles reactivas.

Frío extremo

El frío también agrede la piel, en este caso porque no suele producir los lípidos suficientes para aislarse, y por ello las pieles atópicas se resienten en climas fríos, requiriendo cuidados extra en el día a día.

Paradójicamente, quienes sufren de dermatitis seborreica también empeoran en los meses más fríos del año. Y se suma de nuevo el problema de los cambios bruscos de temperatura, en este caso a causa de las calefacciones.

Nutrición

Una dieta que cuide nuestra piel debe ser rica en antioxidantes, y no solo en unos pocos, pues cada uno cumple su función; y también debe cubrir el aporte de proteínas. En caso contrario, la piel perderá una parte de sus defensas naturales, muchas de ellas frente a las radiaciones solares residuales que nos seguirán llegando aunque usemos protectores, o se verá dañada por desnutrición si nuestro aporte proteico no basta, dado que el organismo prioriza y destina los aminoácidos de los alimentos primero a la síntesis de las proteínas y enzimas imprescindibles para la vida.

Los estados carenciales prolongados afectan a la piel. Por el contrario, hay nutrientes como los ácidos grasos omega 3, en especial el DHA, que ayudan a preservar su salud.

Estrés

El estrés mantenido en el tiempo afecta a todo el organismo, desde la calidad del sueño hasta al funcionamiento del sistema inmunitario. Muchas enfermedades crónicas empeoran con el estrés o presentan brotes, exacerbaciones de sus síntomas más conocidos como brotes.

No se ha demostrado que el estrés afecte al genoma aunque sí se sabe que aumenta, valga la redundancia, el estrés oxidativo, por lo que no se descarta.

Consejos para mitigar los efectos del exposoma en la piel

Lo más lógico es controlar todos los aspectos que se encuentren dentro de nuestras posibilidades, como bien recomienda la AEDV. Pero también se necesita seguir una rutina de cuidado de la piel, rutina que conocen bien quienes sufren de psoriasis o rosácea, por ejemplo.

Frente a las agresiones de la piel, un buen cosmético puede ayudar a paliar parte de los daños ocasionados. Si hablamos de daños superficiales, activos regenerantes como el aloe vera o el aceite de rosa mosqueta son una ayuda que incluso médicos recomiendan, aunque lo mejor es evitar esos daños siempre que sea posible.

Pero si pensamos en lesiones más profundas, toca recurrir a la mesoterapia, para hacer llegar los principios activos cosméticos a capas más profundas de la piel, o de factores de crecimiento epidérmico, que han demostrado su eficacia in vivo con el uso mantenido durante unas semanas o unos meses, a condición de que estos factores de crecimiento sean de buena calidad y se encuentren en las proporciones adecuadas.

 

A la hora de preservar la salud de la piel no todo son medicamentos, más bien al contrario. Los hábitos de vida y el cuidado con productos de higiene y cosméticos adecuados ayudan en gran medida a controlar los efectos del exposoma.

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