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Qué aporta el EGF (factor de crecimiento epidérmico) en cosmética

Factor de Crecimiento Epidérmico (FCE), Epidermal Growth Factor o EGF son todos nombres con los que se hace referencia a un principio activo que ha revolucionado el mundo de la dermatología y la cosmética.

Los factores de crecimiento son proteínas presentes de manera natural en el plasma, en la piel y en las células del organismo. Las proteínas suelen tener funciones o bien estructurales, bien catalizadoras o que actúan como intermediarios en procesos metabólicos. Los factores de crecimiento pertenecen al segundo grupo dado que influyen en el ciclo vital de la célula, tanto en lo referente a su desarrollo y renovación como en el tiempo de vida programado para cada unidad celular.

Se ha demostrado clínicamente que el uso de factores de crecimiento acelera el proceso de curación y cicatrización de heridas. Ante tales resultados, aplicados generalmente en el campo de la dermatología, la industria cosmética se ha preguntado qué puede hacer el EGF cuando se añade a una formulación en un serum, crema o ampolla destinados al cuidado de una piel que no presenta heridas.

Factor de crecimiento epidérmico en la cosmética

Ahora que ya sabemos qué es el EGF o factor de crecimiento encargado de regular el ciclo de vida y la actividad de las células de la piel, cabe preguntarse por sus aplicaciones cosméticas.

Una cosa son los resultados obtenidos con cultivos celulares in vitro y otra bien distinta los resultados in vivo. Además, a la industria cosmética no le interesa tanto ayudar a cicatrizar heridas o lesiones en la piel como lo que es favorecer la regeneración celular que se va ralentizando con el paso de los años y lograr que una piel aparente tener menos años de los que le corresponden por edad, genética y factores ambientales.

Lo cierto es que los productos cosméticos de calidad, bien formulados y con concentraciones adecuadas de factores de crecimiento epidérmico logran maravillas en las pieles secas, castigadas o envejecidas tras unos meses de uso, sin pinchazos ni complicaciones. Se aplican por la noche en forma de serum, ampolla o crema para optimizar su aprovechamiento, dado que la piel se está renovando durante el sueño y, además, apenas gesticulamos mientras dormimos.

Solo existe un problema hoy por hoy con los cosméticos con factor de crecimiento epidérmico y no es su tolerancia, sino su precio: para lograr ver resultados convincentes se debe emplear el EGF en unas concentraciones determinadas y, por el momento, resulta un ingrediente muy costoso a nivel económico por lo complicado de su extracción.

Vamos a explicarte más cosas sobre el EGF en términos sencillos.

¿Cómo funciona el EGF?

Una piel joven se ve tersa porque conserva intactos los niveles de colágeno y elastina, que son las proteínas con función estructural en la piel (y en otros tejidos, en el caso del colágeno). Además, cuando somos jóvenes, las pequeñas heridas cicatrizan con rapidez porque la célula se regenera a buen ritmo.

A partir de los 30 años, los niveles de las proteínas estructurales comienzan a descender a la vez que el ritmo de regeneración se vuelve más y más lento de forma gradual. La heridita que antes desaparecía en dos o tres días puede durarnos una semana cuando ya hemos cumplido los 50.

El factor de crecimiento epidérmico tiene la capacidad de unirse a un receptor celular específico, también de naturaleza proteica, y cuando esto sucede, el EGF envía instrucciones a la célula que llegan hasta el mismo núcleo. Estas instrucciones van encaminadas a acelerar la regeneración y a corregir posibles daños en la medida de lo posible. Ya no hablamos de heridas al referirnos a daños, sino de flacidez o arrugas causadas por la pérdida de colágeno y de elastina.

Dicho de otro modo, si el factor de crecimiento epidérmico y su correspondiente receptor celular se logran unir, la célula va a recibir la orden de trabajar más, de comportarse como si fuera más joven e invertir nutrientes que aportará el cosmético en labores de regeneración del tejido epidérmico.

Es evidente que los factores de crecimiento que actúan sobre la epidermis no son capaces de borrar arrugas profundas, pues esas se manifiestan también en cuanto a la dermis, pero sí puede retrasar muchos años su aparición y revertir el efecto de lo que conocemos coloquialmente como arruguitas o arrugas incipientes. Por si fuera poco, permiten que la piel luzca luminosa en vez de opaca, y ayudan a mantener el tono uniforme.

¿Cómo se obtiene el EGF? Razones de su elevado precio

Primero fue el plasma rico en plaquetas, obtenido por la sedimentación de un poco de sangre del propio receptor, el que se empleó en tratamientos médico-estéticos en busca de una regeneración mayor a la que cabría esperar en una piel de unas condiciones determinadas. Pero el tratamiento era un poco complicado, por lo que se buscó sustitutos al EGF propio.

La respuesta estaba en los factores de crecimiento de algunas especies vegetales. El endosperma de los granos de cebada es la principal fuente de EGF de origen vegetal destinada a su uso en la industria cosmética, aunque también se pueden obtener factores de crecimiento de frutas como la manzana o de algunas flores.

En un ambiente controlado, desde el punto de vista bioquímico, se emplean proteasas de baja actividad para aislar los factores de crecimiento. Las proteasas son enzimas, en concreto proteínas, que rompen a otras proteínas en zonas específicas. En el caso de los factores de crecimiento interesa que esas rupturas de los enlaces peptídicos de la proteína no lleguen a producirse en la estructura tridimensional que nos interesa aislar. Hablando en términos sencillos, se busca extraer el EGF de materia vegetal sin llegar a destruirlo con proteasas demasiado potentes.

El uso de proteasas débiles dispara el coste del proceso bioquímico de la extracción de tan ansiados principios activos, pero en la actualidad no se conoce otro procedimiento económicamente más ventajoso.

Por si fuera poco, no basta con extraer los factores de crecimiento intactos, sino que deben clasificarse y probarse. Recuerda que estamos extrayéndolos de vegetales, por lo que muchos de ellos no nos van a servir a nosotros.

Una vez aislados los factores de crecimiento que nos interesan para elaborar cosméticos o medicamentos de uso tópico, toca evaluar su efectividad mediante test y asegurar su calidad, es decir, que no haya contaminaciones indeseadas por restos de proteasas o de factores de crecimiento que no nos interesan a nosotros.

Por último, entre estos factores de crecimiento vegetales que pueden cumplir la misma tarea que el EGF propio, se seleccionan los de mayor biodisponibilidad cuando se aplica de forma tópica.

Así es como se van sumando etapas al proceso industrial de la obtención de las mejores materias primas dentro de los factores de crecimiento vegetales que pueden sustituir al EGF. Cada etapa encarece el proceso porque requiere de un nuevo reactor y de una nueva operación de separación.

La alternativa del uso de plasma rico en plaquetas no es tan eficiente a nivel cosmético como la aplicación regular de cosméticos con factores de crecimiento epidérmico de calidad y alta bioasimilación por vía tópica.

En resumen, los factores de crecimiento epidérmico, sean propios o sean homólogos de origen vegetal, son efectivos a la hora de dar a la piel un aspecto más joven y para estimular la regeneración celular de la epidermis, a condición de que se usen principios activos de calidad y en su adecuada proporción.

El proceso de obtención de este ingrediente casi mágico en el mundo de la cosmética no invasiva es muy costoso a nivel económico porque requiere de muchas etapas para lograr pequeñas cantidades de material de calidad. Por este motivo, los cosméticos con factores de crecimiento epidérmico bien formulados no son precisamente cosméticos low cost.

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